Para celebrar a la mujer Escarlata

*Acá dejo el texto que escribí para el evento! Gracias Javier por la invitación!!

 

Cuando Javier me invitó a hablar sobre la mujer y el esoterismo, me di cuenta que no sabía bien cómo iba a hablar de esto, que no me sentía capaz incluso de hablar sobre la mujer y su larga historia esotérica llena de múltiples facetas. Sentía que no podía vislumbrar la magnitud del tema ni menos honrar como es debido a todas las mujeres que han existido visibles e invisibles (la mayoría) a lo largo de esta búsqueda, y menos a las que se han sacrificado conscientemente con el fin de abrazar una causa y una verdad hasta el final.

Entonces pensaba en la mujer como canalizadora de dos polaridades, el cielo y la tierra y ella sostenida al centro como un punto de intersección, como el recipiendario o cáliz en donde se desarrolla el trabajo alquímico de transmutación y creación.

Pensaba en que ambos polos nos revelan y abren a un estado de comprensión del cosmos, que si abrazas la materia y te aferras a ella y excavas a ti dentro de ella hasta lo más profundo, también te encontrarás con una profunda revelación divina, santa y pura. Creo que haciendo el ejercicio opuesto, sucede de igual manera.

Por tanto pensaba en la mujer dadora de vida, pero también la dadora de muerte. En la fuerza sexual que aparece, dentro del círculo de acción humana, como la energía creadora que nos conecta con nuestra posibilidad de creación divina. Y también que la sexualidad, la entrega desmedida e incluso el dolor, han sido, al mismo tiempo, vías de comunión y revelación.

Pienso entonces en las mujeres que abrazaron las polaridades y canalizaron una energía tan fuerte que el arquetipo fue más poderoso que ellas mismas y debieron luchar ante la dicotomía de recibir una fuerza celestial tan grande, pero de ser humanas al mismo tiempo.

 

La doncella y la prostituta son entonces difíciles de comprender, pues mientras la doncella busca la comunión con su dios y lleva toda su energía sexual (desde la privación) hacia él y hacia su fin trascendente de lo divino, vivificando al arquetipo prístino del alma misma, la prostituta sagrada trabaja en la materia directamente y se vincula con un otro. Ahora bien, ambas sienten dolor y sufren, pues muchas veces la gracia recibida es más grande que lo que un ser humano es capaz de contener, entonces no le queda más que abrazar a su arquetipo, a su ser divino sobreponiéndose más arriba que la vida y la muerte y consumiéndose a sí misma para poder llevar a cabo la misión a la cual ha sido destinada.

Vienen a mi mente entonces mujeres como Simone Weil o Hildegard, cuyas fuerzas se desarrollaron en una profunda reflexión meditativa en alianza y búsqueda de Dios. Ambas sufrían jaquecas que, a pesar del terrible dolor, les generaba grandes estados de éxtasis y a la vez, las comunicaba con su cuerpo. En el dolor estaba el abrazo a la materia y la revelación de Dios al mismo tiempo.

También aparece La Guerrera, quien es la mujer que ha canalizado no solo lo divino, sino que también a todo el egregor de un pueblo. Ella ha sido escogida a llevar a cabo una misión y ella ha debido mantenerse virgen hasta el final. Su comunión con dios está representada en su pueblo y ella debe sacrificarse conscientemente por él. Para ella es creación y sacrificio, como doncella escogida que debe lanzarse para preservar a su nación. Juana de Arco o incluso Elizabeth de Inglaterra son representantes de esto, ambas vírgenes a voluntad y receptoras de un llamado que no está en su control rechazar.

 

Entonces pensaba en las mujeres cuya sexualidad ha sido coartada por un tercero y como la privación de esa fuerza se presenta como algo antinatural y que, guardada en nuestro inconsciente, puede en algún momento traicionar y revelarse como un verdadero monstruo en sí mismo, como una fuerza desbordada a tal nivel que posee a quien no la puede controlar. Curiosamente, las monjas son las que más han sufrido este tipo de ataques, siempre responsabilizando a un tercero (generalmente a un demonio), sin embargo para que esa posesión ocurra, debe haber algo en ti que resuene de esa misma forma, es decir, algo de ese demonio habita en ti para que le permitas adentrarse y recibirlo. Existen casos muy sabrosos y espeluznantes (por decirlo) como la posesión colectiva de las Ursulinas de Loudon, las posesas de Aix-en-provence o las de Louviers.

Lo interesante es que la represión de una fuerza te enferma y la mujer ante esa privación, está privándose del poder que lleva consigo inherentemente. Finalmente, esa mujer virgen alojada en el convento, puede llegar a transformarse en un ser realmente demoníaco cuando no ha sabido trabajar ni transmutar su fuerza creadora y cuando, paradójicamente, para nuestra cultura siempre ha sido la representante de la pureza y cercanía a Dios.

 

Ahora bien, sobre la mujer prostituta, la consorte divina y madre del mundo. Hace unos días coincidentemente vi Medea, versión Passolini, y encontré en ella un modelo que me ayudó a entender más la complejidad del bello personaje de Leah Hirsig. Pues es Medea el encuentro de dos fuerzas, la divina y la de la materia, la del paganismo en la que ella reinaba y la religión tradicional y patriarcal del mundo de Jasón.

Ella va más allá de la vida y de la muerte, pero debe aprender a vivir en este mundo que no estaba preparado para ella y en el que es duramente abandonada. Finalmente, es Medea quien le entrega la fuerza a Jasón, representada por el vellocino de oro y él tras tomarla, la deja y continúa su camino.

Leah Hirsig entonces se entrega a la obra y trabaja yendo más allá de su propia humanidad, abrazando a la oscuridad y recibiendo a la Luz encontrada al fondo de ella. Pienso en Leah como una mujer valiente y creadora cuyo consorte le ayudó a impulsar su propia obra. Si bien ella también le entregó su vellocino de oro, Leah supo mantener un amor a la obra que trascendía incluso al amor de pareja. Ella fue consecuente hasta el final y su voluntad la hizo trascender incluso bajo la potente figura mágica, pero también social y mediática de Crowley. Finalmente fue Leah quien inició a Crowley en el mundo real.

 

Ante estas aristas representadas en muy pocos ejemplos, pero que al menos nos dan una idea del poder de la mujer en el mundo esotérico, viene a mi mente la imagen dispuesta en la catedral de Notre Dame, en la que se ve un círculo y adentro a una mujer sentada. Su cabeza roza las nubes (o aguas superiores) y sus pies se apoyan en el suelo (aguas inferiores). Sostiene una escalera. La Dama Sabiduría o Dama Alquimia es la mujer que canaliza y recibe la fuerza divina y ella, habiendo trabajado y conquistado su voluntad, tiene el poder de desplazarse entre el cielo y la tierra, lo celestial y lo material, entendiendo que en este círculo fértil, el viaje hacia un extremo te lleva inevitablemente a su opuesto. Fertilidad, dolor, amor, creación y mortalidad, todo es parte de ese mismo universo.