El Misticismo de Simone Weil

Simone Weil, torpe, de trajes talla XL siendo ella muy menuda, pelo corto, lentes…se ve asimisma como alguien feo, sin talentos y simple. Su hermano, brillante matemático, se lleva todos los elogios de su familia, especialmente los de su madre, quien a Simone contrariamente la ningunea en público con bastante frecuencia.

 

Pero Simone Weil era brillante y su brillantez la reveló en su trabajo literario, a modo de cartas, de diarios de vida, comentarios y notas escritas en sus cuadernos. Filósofa y sumamente espiritual, tuvo la habilidad de no ser parte de ningún formato religioso. Pese a provenir de una famlia judía francesa, ella decide mantenerse en el centro articulativo de todas las religiones, analizando…con piedad y otra veces con angustia, los errores y omisiones cometidos por las iglesias, la similitud encontrada entre algunas religiones y los buenos elementos a destacar en todas, los cuales le permitirían a ella elaborar un vehículo por el cuál desarrollar su misticismo. Un misticismo bastante similar al de Hildegard, pues, al igual que ella, padece de fuertes jaquecas que la acompañarán hasta el fin de sus días y que ella logrará otorgarles un sentido de sacrificio y redención. En ese dolor insoportable, ella encontró un momento de iluminación al que llamó “La intersección entre el cuerpo y Alma”

 

Para ella la santidad era una búsqueda crucial, como objetivo de vida, y escribe:

 

“Hoy en día no es meramente suficiente ser un santo, pero debemos tener la santidad que el momento presente nos demanda, una nueva santidad, en sí misma sin precedentes. Este nuevo tipo de santo debe poseer un genio especial, capaz de mezclar cristianidad con estoicismo, amor por Dios y piedad filial para la Ciudad del Mundo; un tipo pasivo de genialidad que le permita a él (al santo) actuar como un Medio Neutral , como el agua, indiferente a todas las ideas sin excepción, incluso al ateísmo y materialismo.”

 

Simone Weil nunca, pese a ser cristiana y mantener contacto escrito con sacerdotes (especialmente el Padre Perrin), nunca quiso bautizarse, rectificando así su teoría de permanecer en este Medio Neutral. Interesante entonces la conexión que se genera con la Sal como elemento alquímico neutral, como un río por el cuál la corriente divina pasa y llega a todos quienes somos sus lectores y nos conectamos en la unión de sus textos y el ser divino de nosotros mismos.

 

Por eso admiro a esta mujer porque nunca ostentó de su profundo conocimiento y ahora aún se mantiene como campo fértil de conocimiento, pues sus escritos se siguen encontrando y aún faltan volúmenes de sus obras para ser publicadas.

 

Dentro de las principales obras están:

 

“Gravedad y Gracia”

“La necesidad de las raíces”

“Esperando por Dios”

“Intuiciones precristianas”

“Cartas a un religioso”

 

Simone Weil nunca creyó que Dios vivía en una Iglesia. Fue astuta ante el dogma, el miedo y la culpa, sin embargo su forma religiosa era sumamente piadosa. A los 5 años dejó de comer azúcar ya que los soldados del ejército tampoco la estaban comiendo. Más adelante dejó de usar calcetines mientras los niños pobres tampoco los usaran. Una forma de llevar una espiritualidad activa, política y de responsabilidad cívica, de alquimista, canalizadora y transmutadora por medio de sus textos, de ser la santa que ella piensa que debe ser y por eso, reitero, mi gran admiración. La Santa que ella quiso ser porque ella fue capaz, desde todas las aristas de su vida, de construir de que manera Ser y Trascender.

 

Para ella, la gran respuesta a la vida no era lo interesante ni menos el resultado de la búsqueda. Lo importante era la atención a la pregunta o al misterio que queramos resolver. La Atención nos dará, por emanación, la respuesta. Un misticismo lúcido facilitado por la atención, la disciplina y el conocimiento y que nos permite seguirla y situarnos en esa bisagra entre todas las religiones y formas espirituales, no desde la indiferencia y el oscuro materialismo interpersonal en el que vivimos, sino que desde la plena conciencia de nosotros mismos conformándonos a nosotros mismos, tomando los elementos que deseemos de las religiones para vivir nuestra propia experiencia mística. Reconociendo a dios en uno en esa bisagra flexible y unificadora.

 

 

 

Parte de este pequeño artículo fue aprendido en su obra “Esperando por Dios” y en base a su introducción bibliográfica escrita por Leslie A. Fiedler