El Verbo se hizo Carne

Estoy convencida que cada vez que surge de algún labio el nombre de algún dios, bajo cualquier cultura, este último despierta y Vive, la frase el verbo se hizo carne no puede ser más clara en esto. El lenguaje lo hace real, nuestros ritos le dan forma y vamos así condicionando una realidad y una meta realidad en donde este dios nos estará esperando con los brazos abiertos al momento en que dejemos este mundo.

La Virgen, Isis, Deméter existe y escucha nuestras plegarias; el demonio atento nos espera y se regocija con nuestros errores y terribles actos de violencia, con nuestros miedos y fanatismos.

Escuchaba a Deepak Chopra y que increíble es su referencia a las partículas elementales y como estas tan minúsculas son imposibles de ver, pero sí dejan rastro al momento de desaparecer…lo mas interesante de todo es que aparecen cuando se le piensa. Parpadean y titilan para luego apagarse.

 

Vivimos ahora en este mundo, con una gran historia cargada sobre nuestros hombros, sobre los que yacen los genes de nuestros ancestros, desde los más cercanos hasta los del primer hombre sobre la tierra…y aún estamos aquí, como en una caminata contra el viento o en un ring de boxeo, buscando la felicidad llenos de miedo, ansias y esperanza.

Y parece que nunca dejaremos de creer.

 

La tragedia griega, lo épico de la fatalidad de quien fallece el mismo día que descubre la belleza de la vida, de quien como Edipo, tras su victoria se da cuenta que su mujer es su madre y se saca los ojos espantado. Nuestra vida, pese a lo que el sistema y el capitalismo y la rutina amenacen a decirnos lo contrario, es una gran pasión. Somos el mismo dios creador, poseemos un gran poder y una tremenda nostalgia por algo que no podemos recordar bien pero que aún se desplaza en nuestra información cromosomática.

 

Hay una filósofa que simplemente me maravilla cada vez que la leo, Simone Weil. Su conocimiento, su lucha y esperanza, a veces ingenua incluso, nunca es capaz de apagarse…ella plantea todo con genuino entusiasmo como si en aquellos planteamientos se jugara la vida, honesta y vulnerable al conocimiento, pero tremendamente fuerte en sus principios. Ella simplemente me conmueve de sobremanera.

 

Simone Weil tiene una obra llamada Intuiciones Precristianas en donde plantea la búsqueda del hombre por parte de Dios. Éste dios es un dios que necesita existir por medio del recuerdo, la palabra, el mito y el rito y que se asocia, en su mayoría, a la idea de bien, al concepto de Amor, pero también a la idea de sufrimiento.

También amamos y sufrimos en nuestras vidas humanas… ¿en qué radica esta unión sufrimiento-amor de la que nos parece tan difícil escapar?

 

Particularmente dios, en la mitología griega, no solo quiere hacerse presente, sino que aunque nosotros como humanos queramos abandonarle y renegarle, él buscará los medios para existir y hacernos entender lo mucho que le necesitamos en la unión de esa extraña pertenencia nuestra llamada Alma y él.

Los dioses en este proceso aman y ceden incluso al sufrimiento por medio del sacrificio. Maravillosamente es en este sacrificio en donde el dios empatiza más con el humano, le compadece y le conoce. A la vez nosotros también empatizamos con él y nos sentimos más cerca suyo. Finalmente es el sufrimiento y redención, en donde estamos más cerca.

 

En la obra ya mencionada, Simone Weil relata el mito de Deméter cuando Aidoneo (dios del infierno) le roba a su hija Persefoné.

El alma es Persefoné. Ella corre en un prado contemplando a los narcisos, hermosos, Persefoné quiere tomarlos y hay que recordar que el narciso es la flor del ego “narciso” se le dice a quien está embelesado en sí mismo.

Persefoné descuidada y seducida por las bellas flores no se da cuenta que Aidoneo está cerca y la rapta.

Aidoneo es Dios que rapta el alma que posteriormente dejará ir, pero antes de su partida le dará un grano de una granada. La granada es el mundo y ese grano pertenece a la unidad de ese mundo, la granada completa. Desde ahora Persefoné no podrá jamás desprenderse de esa granada y tendrá que volver cada año con su grano de granada (que es una analogía de ella misma) a unirse con el resto de la totalidad.

Persefoné ahora está atrapada y libre (dos tercios del año afuera y el resto adentro) aquél mito nos habla de las estaciones y la primavera, sin embargo es una relación entre dios y el alma y como el alma acepta este trato. Es así como el alma da el consentimiento a la realidad creada. Ahora bien… ¿por qué Aidoneo si representa a Dios se le menciona como el dios de los infiernos? Porque los infiernos son la profundidad y el interior del ser. Bajar en esta interpretación es descender al interior fuera de la forma externa. Descender a las catacumbas es la profundidad. Persefoné es joven y hermosa, pero dios le exige que no descuide su ser interno, su alma…aquella condición es algo que de lo que ella no podrá escapar jamás.

 

Como ya comenté anteriormente, para Simone Weil, dios posee en sí el amor y la pena, esa es la pasión. El Amor sufre por consentimiento y ese es el poder del sacrificio. Cristo es entonces el mejor ejemplo de quien vive este amor, él ama y sufre en su pasión.

En Prometeo sucede algo similar. Cuando Zeus priva a la humanidad del fuego es Prometeo quien sube al Olimpo y lo roba para entregarlo de vuelta a la humanidad. El gran dios enfurecido ante tal desobediencia, le ata a una roca y envía a un águila que tenía que comerle el hígado todas las noches. Como Prometeo era inmortal, el hígado crecía cada día y cada día el águila se lo devoraba. Prometeo sufre y ama a la humanidad en su acto de redención y liberación.

Podemos establecer una relación entre Jesús  y Prometeo en el sentido que ambos lidian con el hombre, se compadecen de él y terminan atados sufriendo. Dos dioses que lidian en el plano terrenal, pero con un conocimiento divino.

 

Aquello, por irradiación, despierta el deseo del hombre hacia dios. Este magnetismo, como lazo invisible actúa sobre él mismo y por quienes le rodean. El amor divino se propaga y es este uno de los más increíble misterios que no podemos eludir, que nos cae desde arriba o desde nuestros interiores.

Finalmente, señala Simone Weil, el grano de mostaza o la semilla de granada, representan a Reino de dios germinando en nuestros corazones.

 

El mito del Amor deja todo bastante claro; Cuando nació Afrodita se hizo un banquete. Penia, la pobreza, mendigaba entre los invitados. Al anochecer se acuesta junto a Poro, el recurso, con quien planea tener un hijo. Nace Amor, quien es siempre pobre, acecha a los bellos, es valeroso e intrépido. Está entre medio de la sabiduría y la ignorancia.

Amor siempre amará a Afrodita, pues nacieron el mismo día y son compañeros. Ambos son el mismo ser: Afrodita como la imagen de Dios y Amor como el mediador en la Tierra.

Nosotros entonces, como humanos, hemos sido desgarrados de la mitad divina (que en este caso sería Afrodita) y la buscamos durante toda nuestra vida, pero esa mitad no es la de un otro, sino que se encuentra en Dios.

 

En la cúspide de ese Amor nadie ejerce las acciones pasionarias ni las padece sin mutuo consentimiento.

 

Finalmente es la justicia perfecta en la asimilación de lo divino y lo mundano en la pasión de nuestras vidas.

 

persefoneyhades

 

 

  • Rubén Rodríguez Abril

    Interesante.

    Había una escuela matemática rusa, que se forjó en torno al “Seminario de Lusitania” de la Universidad de Moscú, y que consideraba que determinados objetos matemáticos (como los conjuntos infinitos) venían a la existencia cuando se los nombraba o se los concebía.